No todos los domingos se sienten como descanso.
A veces duelen, inquietan, o simplemente pesan.
El cuerpo está quieto, pero la mente ya corre hacia el lunes.
Una inquietud sutil, difícil de nombrar,
pero tan conocida para quienes viven con el peso del cansancio.
No estás exagerando.
Esa ansiedad que asoma al atardecer
es también una forma de tu cuerpo diciendo:
“Ya no puedo seguir así.”
No es natural vivir en estado de alerta constante.
El bienestar comienza cuando nos preguntamos con honestidad:
¿qué ritmo estoy sosteniendo?
¿dónde quedó mi descanso?
Hoy, detente un momento.
No para hacer más,
sino para escucharte de verdad.
¿Cómo te estás tratando?
Si te sentiste reflejad@, quizás sea momento de darte un espacio.
Acompaño procesos de salud mental con respeto, cercanía y cuidado.
¡Un abrazo!

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